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James Bond y la Utopía

8 noviembre 2012

Estoy en Cartagena, en el “Distrito Turístico, Histórico y Cultural de Cartagena”, nombre poco lacónico que las autoridades colombianas han decidido ponerle a esta ciudad debido a su trascendencia en los tres campos. Se pueden pasar días recorriendo sus calles, admirando los balcones de madera o las Santa Rita que cuelgas de ellos, visitando museos, islas paradisíacas o simplemente saboreando jugos naturales de frutas exóticas.

Sin embargo, hoy a la tarde no hice ninguna de esas cosas. Fui al cine a ver la última de James Bond y a comer una hamburguesa gigante con papas fritas. Justificar una tarde en un centro comercial como cualquier otro cuando estoy visitando un lugar tan trascendente que no sé si voy a tener oportunidad de visitar en otra ocasión es, cuando menos, una tarea difícil.

Eso es lo que hace el cine: te saca del lugar donde estás. Te lleva a otros países, a tiempos remotos, a aventuras excitantes, a vidas diferentes. Para esto, James Bond es un ejemplo perfecto. No importan ni sus personajes sin sustancia ni su guión insostenible; por dos horas te olvidás de dónde estás, con quién estás y qué preocupaciones tenés en tu vida. Los incontables estímulos visuales y sonoros acallan el cerebro por un rato, lo dejan en silencio, viviendo un presente continuo, en un no lugar.

La Utopía -el no lugar- es entendida como ese lugar donde el mundo es mejor, es a donde los idealistas quieren que el mundo llegue. También podría entenderse como una práctica momentánea de huída. En la antigüedad el consumo de drogas era una experiencia tribal, despojada de tabúes, era un escape de la realidad cotidiana aceptada y consolidada. Lo mismo pasaba con los relatos mitológicos orales o las fiestas orgiásticas.

Así como antes los miembros de alguna tribu cada tanto embotaban sus sentidos de alguna manera, bailaban extasiados y pretendían olvidarse de sí mismos para transguedir sus inhibiciones, para dejar de ser él por unas horas… hoy tenemos las hamburguesas y James Bond.

En la sociedad capitalista los lugares de escape son otros. La utopía se encuentra en el cine, en los centros comerciales, en los McDonalds… son lugares prediseñados, lugares donde uno sabe exactamente qué va a encontrar en cualquier parte del mundo donde uno esté, son lugares sin vida, sin identidad, son -otra vez- no lugares. James Bond es la utopía misma.

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Manual para encontrar tu destino en Costa Rica

19 junio 2012


Preguntar por direcciones en ciudades extranjeras es siempre un problema. No sólo por el hecho de que hay que superar la timidez o el miedo a que te sepan turista y vulnerable. En Francia, por ejemplo, hay que tener cuidado con la pronunciación. Un sonido ligeramente diferente en una vocal puede hacerte viajar media hora en la dirección contraria.

En China –sobre todo en China occidental- hay que conseguir la manera de tener siempre escrito hacia dónde vas. No sólo es difícil aprender a pronunciar correctamente el chino, si no que también la cantidad de idiomas que se hablan dificulta la operación. Sin embargo, los mismos ideogramas se usan en casi todo el territorio. Mostrando el papel escrito a personas al azar por la calle tarde o temprano llegarás a destino.

En Marruecos, por su lado, hay que tener cuidado. Cualquier persona que se digne ayudarte a  llegar a un lugar va a querer cobrarte. Y en India, probablemente en vez de ayudarte te terminen llevando a otro lugar –una tienda, una agencia de viajes, etc- para hacerte comprar cosas y ellos llevarse una comisión.

Sol y playa

En Costa Rica el problema es otro. Compartimos idioma y escritura, tampoco hay personas por la calle que se dediquen a aprovecharse del turista. Sin embargo, ayer al mediodía pasé más de cuarenta minutos para encontrar una tienda en una ciudad tan pequeña como Liberia. Algo que no suena tan terrible si no estuviésemos hablando de una ciudad que casi no tiene árboles donde refugiarse y donde hay un promedio anual de 27ºC (según Wikipedia), temperatura que ayer estoy seguro que superaba ampliamente.

Siguiendo indicaciones de la gente, caminé calles y calles en una dirección para que finalmente otros me dijeran que iba en dirección contraria. He llegado a recibir tres indicaciones distintas de hacia dónde tenía que caminar al preguntar por el mismo lugar (algo que  sólo puede ser correcto en lugares muy particulares como Hutong o Parque Chas).

No es que la gente acá tenga malas intenciones. Todo lo contrario. No existe quien no te sonría o quien no quiera responderte y ayudarte. El tema es que la solidaridad es tanta que incluso cuando no entienden tu pregunta o no saben la respuesta, te dicen gentilmente hacia donde dirigirte.

Y en la información errónea no reside la única complicación. Más de una vez puede que preguntes cuándo pasa el bus que estas esperando y la respuesta sea un “ahorita”, que puede representar bien un minuto o bien media hora, diferencia que no es de gran relevancia para los “ticos” (como se suelen llamar los costarricenses).

Bus en Costa Rica

O una vez arriba del bus: “¿Cuánto falta para llegar a Belén?” Respuesta: “Está largo”. En el mejor de los casos te bajás bien del bus a pesar de las respuestas imprecisas y te indican que el lugar que buscás queda 300 metros para el norte; “a 50 metros del Banco Nacional”, agregan para ser más precisos.

La solución a aplicar es la misma que en los demás países: Preguntar muchas veces, sacar un promedio, leer los gestos de las personas, confiar más en los que suenen más confiados y -recurso supremo- seguir tus instintos. Si pensás aventurarte por calles ticas habría que agregar a esta lista llevar siempre a mano protector solar, una brújula  -para encontrar los puntos cardinales con los que los ticos se manejan- y sobre todo llevar mucha mucha paciencia.

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Elogio al nomadismo

28 mayo 2012

Escribo esto para recordar. En los últimos meses de mi vida baje a la tierra. Hace más de dos años que mi nomadismo me mantenía en una nube. Unos meses en Argentina y otros trabajando en Costa Rica me hicieron volver a tener contacto con personas que llevan vidas “normales”. Tal vez esta caída y la búsqueda de nuevos horizontes me hizo mantener en el olvido este blog.

Cambié de profesión, si es que alguna vez la tuve. Acá en Costa Rica trabajo de fotógrafo en resorts cinco estrellas. El común de la gente que se hospeda son empresarios, contadores, abogados y cosas por el estilo. Y si bien estas profesiones son las consideradas las más comunes, nunca entendí bien qué hacen esas personas en el día a día.

Por lo que hablo con ellos cada día, los encuentro muy contentos de pasar dos semanitas al año en “El Paraíso” (término que ellos usan para referirse a estos ambientes bucólicos que les permiten acallar su cerebro). El resto del año lo dedican a comprar, vender, preocuparse, tocar bocina y viajar en ascensor. Todas cosas que muchos considerarían “normales” pero que a mí siempre me parecieron muy abstractas e irreales, como parte de un juego de mesa.

Cuando hablo con ellos muchas veces termino contando cómo pasé estos últimos cuatro años de mi vida. Muchas de estas personas dicen admirarme, y algunos lo harán con sinceridad. Pero en el fondo no entienden. Pensarán que no tengo futuro, que tiro mi vida a la basura. Pensarán esto porque no me preocupo por las cosas que ellos se preocupan. Piensan así porque están convencidos de que todas esas cosas son reales.

Si la vida no es un juego, para qué vivirla.

De pibe no corría cuando jugábamos al ring-raje. Siempre pensé que era mejor no correr, porque si te agarraban corriendo era seguro de que vos habías tocado el timbre. No entendía que la gracia no estaba en que no te agarraran si no en creerte que estabas en problemas, en jugar a que eras un prófugo de la justicia. En esa época me tomaba muy en serio la vida. No me gustaban los dibujos animados y me angustiaban el futuro y la soledad.

No sé en qué momento los demás se olvidaron que todo era un juego. A veces yo también me olvido de que la creencia en las cosas materiales es sólo una forma más (si bien la vigente) de relacionarse con el mundo. Últimamente me estuve olvidando y por eso escribo esto, porque en este momento quiero recordar.

Cuando se viaja durante un tiempo prolongado, cuando todo lo que uno posee tiene que caber en una mochila que hay que cargar, se rompen las cadenas que nos unen a muchas cosas. Uno empieza a ser selectivo con lo que carga: sólo lo absolutamente necesario para el cuerpo y para el alma. Si te aqueja el peso hay dos cosas por hacer: o dejar algo en el camino o pensar bien por qué lo estas cargando. Si uno está consciente del por qué elije cargar con lo que carga no hay queja o remordimiento posible.

Un día quizás tenga que meterme en ese juego del que participa casi todo el mundo. Voy a querer eventualmente formar una familia y que mis hijos no vivan aislados de la sociedad. Pero en el momento en que empiece a preocuparme por el tráfico, por las crisis económicas, por el precio del dólar, etc.  haré el mismo esfuerzo que estoy haciendo en este momento para recordar. Recordar que estamos acá para disfrutar, que yo elijo estar donde estoy haciendo lo que hago y que para cambiar las circunstancias materiales sólo hace falta voluntad.

Lo único que uno necesita para vivir es alimento, agua y amor (paradójicamente, la Triple A). Y doy fe que aún hay lugares en el mundo donde la comida es barata, donde aún se puede beber de los ríos y donde los hombres (y por suerte también las mujeres) están dispuestos a abrir sus corazones. A por ellos!

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El jardín de senderos en el que está prohibido pisar el césped

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El jardín de senderos en el que está prohibido pisar el césped

27 noviembre 2011

A veces temo que me estalle el cerebro. Tengo miedo de que me suceda lo que a Cerati, que me suba tanto la presión en las neuronas que me tengan que abrir el cráneo para que no explote. De a ratos, temo que me pase; de a ratos temo que no.

Soy la persona que conozco que más pretende saber y que menos sabe en concreto. Soy el típico desertor, el compañero de curso del que todos en las reuniones preguntan qué será de su vida. Soy un espectro que pasa por el rabillo del ojo de la vida de mucha gente.

Sé que mi vida dista de estar terminada, pero recuerdo cuánta fe tenía depositada en mí de más chico. Creía que siendo inteligente,viniendo de buena familia y teniendo atractivo físico estaba condenado al éxito.

Durante la secundaria nunca fui a un profesor particular. Muchas cosas aprendía más rápido que los demás. En matemáticas, antes de los exámenes, un grupo de compañeros venía a casa para que les enseñara. Y generalmente resolvía los dos temas del examen porque cuando terminaba el mío, empezaba a hacer el de Farber, mi compañero de banco. Terminaba bastante pronto con los dos, y sacaba buenas notas (me acuerdo también que en la primaria competía con otro chico con quién se sacaba más 10s en matemáticas).

Por esos años me imaginaba dedicándome a la ciencia, la matemáticas o física. Debe de estar relacionado con eso que me anoté en la carrera de Arquitectura. Sin embargo, la carrera que empecé fue Filosofía, y la que terminé fue Periodismo. No sin antes empezar y dejar dos terciarios en el camino: Creativo Publicitario y Guía de Turismo. En total, me anoté en seis carreras en seis instituciones distintas, si agregamos a la lista que hace un año y medio me anoté para hacer la carrera de Chino en la Universidad de Chengdú, en China.

Abandoné todo, por una u otra excusa que me ponía. Abandoné todo menos periodismo, que hoy en día desearía haber abandonado para dedicar esos cuatro años de mi vida a algo más enriquecedor. Y no fueron sólo las carreras lo que abandoné, con cada abandono desertaba ilusiones, imágenes creadas de un mundo paralelo que pudo haber sido. Fui desechando así posibles yo mismos, hasta quedar con lo que soy hoy, no más que una suma de no-seres, una persona interesante y abierta, pero mediocre.

Concurrí también a bastantes clases y cursos: talleres de escritura, de fotografía, de teatro, de yoga, de piano, de elongación, de bioenergética, de batería, de acrobacias aéreas, cursos de Barman, de Kabalá, de instalaciones eléctricas domiciliarias, de filosofía, de psicología, de literatura, entre otros. Esto sin contar la cantidad de cosas que aprendí por mi cuenta, en forma autodidacta. Además estudié con mayor o menor intensidad inglés, italiano, francés, portugués, alemán, hebreo y chino mandarín. Sé decir “hola”, “gracias” y otras cosas en al menos 22 idiomas.

Se dice que incluso las experiencias desafortunadas aportan su parte para el crecimiento interior. Yo no estoy del todo seguro. Ojalá pudiese concluir algo de lo que empecé, ojalá pudiese agarrar algo de lo que tengo y construir algo. Pero me refugio en la nostalgia –

¿qué hubiese sido de mí de haber seguido una de mis posibles vidas paralelas?- o en el escape hacia adelante -me encantaría empezar a estudiar historia ahora, por ejemplo-. El futuro y el pasado como refugio ante el presente, muy duro para enfrentar.

En la escuela y en la universidad uno busca acercarse a la nota “10”, la distancia con ese número es lo que diferencia a un buen alumno de uno malo. En China el 10 es la perfección y se representa como nuestro símbolo de sumatoria: “+”. Son los ejes cartesianos, la intersección entre el tiempo y el espacio, el aquí, el ahora. Qué fácil pueden asemejarse a dos paredes de una prisión que se cierran vertiginosamente, que lo obligan a uno a tener cintura para escapar, o a morir asfixiado.

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Cuando cada “chau” es un desgarro

Viajar como acto creativo

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Cita de Kazantzakis

31 octubre 2011

“De niño, estuve a punto de caer en el pozo [de agua]. Ya crecido estuve a punto de caer en la palabra ‘eternidad’, y también en no pocas palabras distintas: ‘amor’, ‘esperanza’, ‘patria’, ‘Dios’. Salvada cada una de ellas, pensaba haberme librado de un peligro y haber dado un paso hacia adelante. No era así. Sólo cambiaba de palabra, y eso lo llamaba yo liberación”. Niko Kazantzakis, Alexis Zorba, el griego.

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http://es.wikipedia.org/wiki/Nikos_Kazantzakis

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Por tapas, a Poble Sec

14 octubre 2011

Si en Barcelona quieres comer tapas de verdad, no vayas por Las Ramblas ni te molestes en buscarlas por Rambla Catalunya. Si bien puedes comer muy rico en lugares como Taller de Tapas o Ciudad Condal, esas no son tapas como Dios manda.

Muchos gringos se acercan a La Champagnería, y cuando digo “muchos” estoy siendo gentil. Tienes suerte si encuentras espacio suficiente para aflojar tu barriga después de comer. Además, te obligan a comprar una copa de cava por cada tapa o bocadillo que compres.

No. Para comer tapas de verdad, hay que acercarse a Poble Sec. Cerca de la parada del metro de Paral.lel encontrarás dos de mis lugares preferidos, donde se come abundantemente por un precio moderado. En Can Eusebio y en El Rincón del Cava uno puede comer y beber hasta reventar por el precio de dos tapas sin bebida en los restaurantes del centro.

Can Eusebio queda en el Carrer Vila i Vila, número 84, a la vuelta del Apolo, aunque hay otra sucursal en la esquina con Nou de la Rambla de la que pocos están enterados. Los destacados del lugar son la mediana y las patatas bravas a sólo un euro. Es recomendable ir temprano porque se llena y no pedir tapas de maricos porque se van a llevar una decepción.

El otro lugar que recomiendo es El Rincón del Cava, ubicado en la calle Blasco de Garay, 53, atan sólo unos metros de la Plaza del Sortidor. Es menos conocido que Can Eusebio y esto hace más fácil encontrar un lugar para sentarse. La comida en general creo que es muy parecida en los dos lugares, pero en El Rincón, dando crédito a su nombre, tienes botellas de cava blanco y rosado por el módico precio de dos eurillos.

Entonces, amigos, a ponerse a dieta, ajustarse los cinturones y pedalear su Bicing hasta Poble Sec, que allí os espera una buena comilona.

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Diccionario de palabras que siempre quise utilizar

14 octubre 2011

Aquí la definición de palabras que siempre he querido usar en alguna oración ya sea oral o escrita y nunca pude.

Arquetipo: Modelo original y primario en un arte u otra cosa.

Coxis: Hueso propio de los vertebrados que carecen de cola, formado por la unión de las últimas vértebras y articulado por su base con el hueso sacro.

Escorbuto: Enfermedad general, producida por la escasez o ausencia en la alimentación de determinados principios vitamínicos, y caracterizada por hemorragias cutáneas y musculares, por una alteración especial de las encías y por fenómenos de debilidad general.

Melómano: Persona fanática de la música.

Mojigato: Que afecta humildad o cobardía para lograr su intento en la ocasión.

Mórbido: 1. Que padece enfermedad o la ocasiona, 2. Blando, delicado, suave.

Nomenclatura: Lista de nombres de personas o cosas.

Resiliencia: capacidad de los sujetos para sobreponerse a períodos de dolor emocional y traumas.

Solapar: Ocultar maliciosa y cautelosamente la verdad o la intención.

Taxidermia: Arte de disecar los animales para conservarlos con apariencia de vivos.

Definiciones sacadas de la Real Academia Española: http://www.rae.es/rae.html y de Wikipedia: http://es.wikipedia.org/

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Crítica literaria: La filosofía de House